Una de las consecuencias más frecuentes del maltrato psicológico es empezar a sentirte culpable por cosas de las que antes nunca te habrías culpado. Entender por qué ocurre puede ayudarte a recuperar poco a poco la confianza en tu propio criterio.
La culpa es una emoción muy desagradable que puede hacerte dudar de ti incluso en momentos en los que todas las personas de tu entorno te dicen que no has tenido la culpa. Hay personas que tienen una tendencia más marcada a sentir esta emoción, y puede ocurrir por diferentes razones:
- Aprendizaje: a lo largo de tu vida te han hecho sentir culpable de manera reiterada, hasta el punto de dudar de muchos de tus actos por miedo a equivocarte o a hacer daño a los demás.
- Modelado: es posible que algunos de tus referentes (padres, madres, abuelos…) verbalizaran con frecuencia que ellos también se sentían culpables: «Me siento fatal por haber hecho esto», «Me sabe muy mal…». Al observar esta forma de reaccionar, puedes haber aprendido a interpretar de una manera parecida tus propios errores o decisiones.
- Autoexigencia: es habitual encontrar personas muy autoexigentes y perfeccionistas que no se permiten fallar y que, cuando consideran que lo han hecho, se castigan y se culpabilizan de forma excesiva.
- Forma de interpretar las situaciones: algunas personas tienden a asumir demasiada responsabilidad, a pensar que deberían haber actuado mejor o a buscar qué hicieron mal incluso cuando no tenían control sobre la situación.
- Confusión entre culpa y responsabilidad: hay personas que sienten que, si alguien está mal o una situación termina mal, necesariamente ellas han hecho algo incorrecto. Sin darse cuenta, acaban asumiendo responsabilidades que no les corresponden.
- Una combinación de varias de estas razones: lo más habitual es que no exista una única causa, sino que influyan distintos aprendizajes, características personales y experiencias.
¿Por qué la emoción de la culpa es tan importante en el maltrato o abuso emocional?
La culpa es una emoción que nos ayuda a reconocer cuándo creemos que hemos hecho algo que ha podido perjudicar a otra persona o que no encaja con nuestros propios valores. Cuando la responsabilidad es real, la culpa cumple una función muy útil: nos ayuda a reparar el daño y a aprender para el futuro.
La dificultad aparece cuando nos sentimos culpables aunque la responsabilidad no sea nuestra o cuando asumimos mucha más responsabilidad de la que realmente tenemos. Y algunas personas pueden utilizar esa tendencia para manipularnos con mucha facilidad.
Veamos un ejemplo
«María» es una persona muy responsable a la que le gusta hacer las cosas lo mejor que puede. Su hermana lo sabe; de hecho, ella también tiene un carácter parecido.
Un día, ambas están disfrutando de un día en una casa familiar junto con el hijo de la hermana. De repente, la hermana se da cuenta de la hora que es y le recrimina a María que no haya preparado la comida para los tres.
María piensa que la responsabilidad de preparar la comida de su sobrino corresponde a su hermana. Sin embargo, durante unos segundos se pregunta si ha sido egoísta por no haber pensado en ello. Como adora a su sobrino, empieza a dudar de sí misma y aparece la culpa.
Su hermana percibe esa duda y la aprovecha para hacerla sentir todavía más culpable, hasta que finalmente María termina preparando la comida para los tres.
¿Qué ha pasado aquí?
La hermana ha conseguido un beneficio al hacer sentir culpable a María: ha logrado que haga exactamente lo que ella quería.
Como esa estrategia le ha funcionado, es muy probable que vuelva a utilizarla en situaciones parecidas.
Pero, además, ocurre otra cosa. María aprende, sin darse cuenta, que cuando siente culpa debe ceder para que el malestar desaparezca. Poco a poco necesitará cada vez menos presión para terminar haciendo lo que la otra persona espera de ella.
¿Cómo saber si la culpa que sientes es realmente tuya y cómo trabajarla?
La culpa aparece por la forma en que interpretamos lo que ha ocurrido. Si automáticamente piensas que todo depende de ti, que deberías haber actuado mejor o que eres responsable del bienestar de los demás, es muy probable que aparezca esta emoción, aunque objetivamente no hayas hecho nada malo.
Cuando sentimos culpa es fácil asumir automáticamente que hemos hecho algo mal. Sin embargo, la emoción no siempre refleja la realidad. Por eso, uno de los objetivos de la terapia cognitivo-conductual es aprender a identificar estos pensamientos, cuestionarlos y valorar cuál es tu responsabilidad real en cada situación.
Antes de concluir que eres responsable de una situación, puede ayudarte hacerte estas tres preguntas:
- ¿Realmente era mi responsabilidad?
- Si esta misma situación le hubiera ocurrido a alguien a quien quiero, ¿pensaría que tiene la culpa?
- ¿Estoy valorando los hechos o solo cómo me siento en este momento?
Sentirte culpable no demuestra que hayas hecho algo malo. Muchas veces solo demuestra que eres una persona a la que le importa hacer las cosas bien y que intenta cuidar de los demás.
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